viernes, 20 de julio de 2018

Mario Benedetti - El alma no es el cuerpo



Nos enseñaron desde niños
cómo se forma un cuerpo
sus órganos sus huesos
sus funciones sus sitios
pero nunca supimos
de qué estaba hecha el alma

¿será de sentimientos /
de ensueños / de esperanzas?
¿de emociones / de tirrias /
de estupores?

lo cierto es que / ignorada /
el alma arde en su fuego
tiene espasmos oscuros
punzadas de ternura
suburbios de delirio

¿será tal vez una inquilina
del corazón? ¿o viceversa?
entre ellos no hay frontera

¿o será la asesora
principal de la mente?
¿o viceversa?
entre ellas no hay disputa


¿o será capataza
de la pobre conciencia?
¿o viceversa?
entre ellas no hay acuerdo

el alma tiene hambres
y cuando está famélica
puede herir
puede armarse
de enconos o de furias

no hay que pensar que el alma
es un tul de inocencia
ajeno a los agravios
que sufren cuerpo y alma

en el alma se forman
abscesos de rencores
tumores de impaciencia
hernias de desamparo

el problema es que no hay
cirujanos de alma
ni siquiera herbolarios


el alma es un secreto / una noción
una nube que suele anunciar llanto
pero después de tantas búsquedas
de pesquisas inútiles
y de adivinaciones
nos queda apenas una certidumbre /
que el alma no es el cuerpo
pero muere con él


-Mario Benedetti



Mario Benedetti - Amor, de tarde



Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

-Mario Benedetti



Mario Benedetti - Asunción de ti







Quién hubiera creído que se hallaba 
sola en el aire, oculta, 
tu mirada. 
Quién hubiera creído esa terrible 
ocasión de nacer puesta al alcance 
de mi suerte y mis ojos, 
y que tú y yo iríamos, despojados 
de todo bien, de todo mal, de todo, 
a aherrojarnos en el mismo silencio, 
a inclinarnos sobre la misma fuente 
para vernos y vernos 
mutuamente espiados en el fondo, 
temblando desde el agua, 
descubriendo, pretendiendo alcanzar 
quién eras tú detrás de esa cortina, 
quién era yo detrás de mí. 
Y todavía no hemos visto nada. 
Espero que alguien venga, inexorable, 
siempre temo y espero, 
y acabe por nombrarnos en un signo, 
por situarnos en alguna estación 
por dejarnos allí, como dos gritos 
de asombro. 
Pero nunca será. Tú no eres ésa, 
yo no soy ése, ésos, los que fuimos 
antes de ser nosotros. 
Eras sí pero ahora 
suenas un poco a mí. 
Era sí pero ahora 
vengo un poco a ti. 
No demasiado, solamente un toque, 
acaso un leve rasgo familiar, 
pero que fuerce a todos a abarcarnos 
a ti y a mí cuando nos piensen solos. 



Hemos llegado al crepúsculo neutro 
donde el día y la noche se funden y se igualan. 
Nadie podrá olvidar este descanso. 
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil 
a dejarme los ojos vacíos de ciudad. 
No pienses ahora en el tiempo de agujas, 
en el tiempo de pobres desesperaciones. 
Ahora sólo existe el anhelo desnudo, 
el sol que se desprende de sus nubes de llanto, 
tu rostro que se interna noche adentro 
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa. 



Puedes querer el alba 
cuando ames. 
Puedes 
venir a reclamarte como eras. 
He conservado intacto tu paisaje. 
Lo dejaré en tus manos 
cuando éstas lleguen, como siempre, 
anunciándote. 
Puedes 
venir a reclamarte como eras. 
Aunque ya no seas tú. 
Aunque mi voz te espere 
sola en su azar 
quemando 
y tu dueño sea eso y mucho más. 
Puedes amar el alba 
cuando quieras. 
Mi soledad ha aprendido a ostentarte. 
Esta noche, otra noche 
tú estarás 
y volverá a gemir el tiempo giratorio 
y los labios dirán 
esta paz ahora esta paz ahora. 
Ahora puedes venir a reclamarte, 
penetrar en tus sábanas de alegre angustia, 
reconocer tu tibio corazón sin excusas, 
los cuadros persuadidos, 
saberte aquí. 
Habrá para vivir cualquier huida 
y el momento de la espuma y el sol 
que aquí permanecieron. 
Habrá para aprender otra piedad 
y el momento del sueño y el amor 
que aquí permanecieron. 
Esta noche, otra noche 
tú estarás, 
tibia estarás al alcance de mis ojos, 
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece. 
He conservado intacto tu paisaje 
pero no sé hasta dónde está intacto sin ti, 
sin que tú le prometas horizontes de niebla, 
sin que tú le reclames su ventana de arena. 
Puedes querer el alba cuando ames. 
Debes venir a reclamarte como eras. 
Aunque ya no seas tú, 
aunque contigo traigas 
dolor y otros milagros. 
Aunque seas otro rostro 
de tu cielo hacia mí.


-Mario Benedetti




sábado, 7 de julio de 2018

Mario Benedetti - El hombre que aprendió a ladrar




Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desalineamiento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se autoflagelaba con humor: “La verdad es que ladro por no llorar”. Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación. ¿Cómo amar entonces sin comunicarse?
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: “Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinás de mi forma de ladrar?”. La respuesta de Leo fue bastante escueta y sincera: “Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano.”
FIN

martes, 21 de noviembre de 2017

Memorias de una vida que fue


El sabor amargo de la cerveza entreabrió las heridas de tantos placeres consumados que hasta la fecha no habían cicatrizado. Su cuerpo se encontraba llagado bajo la piel.

De poco en mucho vinieron a su memoria el recuerdo de tantos amores fallidos. No sabía por dónde comenzar a llorar. Recordó la humedad de aquel primer beso juvenil y también recordó la resequedad de aquel que hasta entonces había sido el último.

Miles de encuentros carnales le hicieron ver la falta de amor que el destino tenía deparado para él.


-





viernes, 2 de junio de 2017

BREVE ANTOLOGÍA DE MINIFICCIÓN




Demasiado tarde

Cuando el coronel Aircrag despertó en la profundidad del infierno, comprobó la exactitud que había en las palabras de su abuela Segibude, siglos atrás: la riqueza mal habida y los malos versos son causa de perdición eterna.


El destino

El hombre, desfigurado bajo el capote negro, preguntó desde la lluvia:
¿Hacia dónde va este camino, señor?
El que oyó la pregunta, volteándose, miró el sendero inundado por el invierno de varios días.
¿Hacia el mar, señor?
El hombre dio las gracias, miró hacia delante con firmeza y, sabiendo lo que hacía, siguió su destino.



Sobre la Filosofía

En el último Congreso Mundial del Saber, se llegó a la conclusión de que la Filosofía es una rama del conocimiento inútil, que no tiene ningún sentido. Se acordó esto debido a que la mayoría de los delegados opinó que era una estupidez intentar explicar el sueño de una mariposa.



-López







miércoles, 3 de mayo de 2017

Juan Rulfo - Cartas a Clara Aparicio (Carta I)



Carta I

Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye.

Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba.

Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua.

Clara: corazón, rosa, amor…

Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.

Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida.

Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida.

Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara.

No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba.

Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada.

¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?

He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. 

Lo han aprendido ya el árbol y la tarde… y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. 

Y lo murmura el río…

Clara:

Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.



-Juan Rulfo




martes, 2 de mayo de 2017

Jaime Sabines - Tu cuerpo está a mi lado




TU CUERPO ESTÁ A MI LADO
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.


-Jaime Sabines





Jaime Sabines - No es nada de tu cuerpo



NO ES NADA DE TU CUERPO,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca tu boca 
que es igual que tu sexo,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada ¿qué es una mirada?
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni tu pétalo,
ni una gota, ni un gramo, ni un momento:

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.



-Jaime Sabines








domingo, 15 de enero de 2017

Jaime Sabines - Espero curarme de ti



ESPERO CURARME DE TI en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque la mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué hace calor", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tu sabías que te decía "te quiero")

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Par que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.


-Jaime Sabines



  



Jaime Sabines - Te quiero a las diez de la mañana



TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo.

Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?



-Jaime Sabines


  



Jaime Sabines - Yo no lo sé de cierto



YO NO LO SÉ DE CIERTO, pero supongo
que una mujer y hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.

(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo)



-Jaime Sabines




Jaime Sabines - Margie




MARGIE, la luna es rusa.
El cuello de Margie es alto y blanco,
como el blando oro blanco. Ducal.
Y en sus redondos cabellos
mi mirada sueña.

Cuando me mira algún día podría mirarme
la conozco de rosa a abril.

Yo me moriría, si pudiera morirme,
al pie de sus ojos en sazón.
(Porque me duelen las manos de tanto no tocarla,
me duele el aire herido que a veces soy)



-Jaime Sabines





miércoles, 30 de noviembre de 2016

Mario Benedetti - Última noción de Laura (La Tregua)





Usted martín santomé no sabe
cómo querría tener yo ahora
todo el tiempo del mundo para quererlo
pero no voy a convocarlo junto a mí
ya que aun en el caso de que no estuviera
todavía muriéndome
entonces moriría
sólo de aproximarme a su tristeza

usted martín santomé no sabe
cuánto he luchado por seguir viviendo
cómo he querido vivir para vivirlo
pero debo ser floja incitadora de la vida
porque me estoy muriendo santomé

usted claro no sabe
ya que nunca lo he dicho
ni siquiera
esas noches en que usted me descubre
con sus mano incrédulas y libres
usted no sabe cómo yo valoro
su sencillo coraje de quererme

usted martín santomé no sabe
y sé que no lo sabe
porque he visto sus ojos
despejando
la incógnita del miedo
no sabe que no es viejo
que no podría serlo
en todo caso allá usted con sus años
yo estoy segura de quererlo así

usted martín santomé no sabe
qué bien qué lindo dice
avellaneda
de algún modo ha inventado 
mi nombre con su amor

usted es la respuesta que yo esperaba
a una pregunta que nunca he formulado
usted es mi hombre
y yo la que abandono
usted es mi hombre 
y yo la que flaqueo

usted martín santomé no sabe
al menos no lo sabe en esta espera
qué triste es ver cerrarse la alegría
sin previo aviso
de un brutal portazo
es raro
pero siento
que me voy alejando
de usted y de mí
que estábamos tan cerca
de mí y de usted

quizá porque vivir es eso
es estar cerca
y yo me estoy muriendo
santomé
no sabe usted
qué oscura
qué lejos
qué callada

usted
martín
martín cómo era
los nombres se me caen
yo misma estoy cayendo

usted de todos modos
no sabe ni imagina
qué sola se va a quedar mi muerte sin 
su 
vi
da.